Cualquiera que recorra sin prisas nuestros
pueblos, y conserve cierta capacidad de sorpresa todavía,
no le será difícil contemplar la diversa gama
de aperos, herramientas y variada tipología de maquinaria
agrícola, que aún apareciendo en semiabandono,
constituyen una rica y vasta muestra de lo que han sido
hasta tiempos recientes de las técnicas agrícolas
tradicionales y, por tanto, una referencia de la diversidad
geográfica y del mayor o menor grado de desarrollo
tecnológico alcanzado en cada territorio.
Por ello, y aún resultando algo
paradójico con los tiempos en que vivimos, a pesar
de las escasas décadas que para numerosos paisanos
su uso era generalizado, sorprende gratamente ver, si bien
cada vez más raramente, aún en uso aperos,
herramientas y técnicas agrícolas cuyos orígenes
se confunden con los tiempos, impresiona observar la variedad
de aperos, medios de transporte y la diversa gama de herramientas
y tecnologías de fabricación en formas y métodos
netamente artesanales que, y esta es la gran función
a desempeñar por el museo, pueden mostrarnos una
idea cabal de lo que han representado para nuestros pueblos
agrícolas castellanos, no sólo como útiles
de trabajo, sino en cuanto a su dimensión simbólica
y social en la cultura popular agraria de nuestros municipios
rurales.
En este sentido, la idea de creación
de un MUSEO ETNOGRÁFICO en Pedro
Bernardo, integrado en el entorno de la Asociación
Foro Pedro Bernardo, entronca de lleno con la idea “un
museo al servicio del hombre y del desarrollo”
que Huges de Varin-Bohan (1968) significaba como “
[El museo] será la institución que haga conocer
al hombre los objetos que representan su entorno, sus tradiciones,
su vida, su existencia espiritual y moral. El museo es la
tarjeta de identidad del ser social, en tanto que miembro
de una comunidad. En el contacto sensorial entre el hombre
y el objeto, el museo encuentra su justificación
y su necesidad”.
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